Hoy decidí dejar atrás Ad Dammam por un día y explorar un poco de lo que ofrece Abu Dhabi. Curiosamente, había escuchado que la ciudad tenía una mezcla interesante de modernidad y tradición, y la verdad es que mi rutina diaria necesitaba un respiro. Así que, tras una rápida consulta a mi mapa, tomé el camino hacia el corazón de la ciudad.
Al llegar, el calor me golpeó de inmediato. A pesar de ser más de la mañana, la temperatura ya estaba subiendo. Caminé hacia la Gran Mezquita Sheikh Zayed, uno de los pocos lugares que realmente quería visitar. Me encantan las arquitecturas imponentes y, al llegar, me quedé asombrado por su grandeza. Las cúpulas blancas brillaban con el sol, y los jardines que la rodeaban estaban perfectamente cuidados. Allí, las sombras ofrecidas por las palmeras eran un alivio, un respiro tras el sudor acumulado en mi frente.
Mientras recorría los pasillos de la mezquita, escuché un murmullo. Me fui acercando a un grupo de turistas que estaban escuchando a un guía explicar la historia del lugar. Me pilló la curiosidad, así que decidí unirme, pensando que podría aprender algo nuevo. La guía era muy carismática y compartía anécdotas sobre la construcción de la mezquita. Cada vez que mencionaba detalles sobre los materiales usados, como el mármol y el oro, mi interés crecía. Sin embargo, en un momento, sentí una punzada de ansiedad, ya que no entendía del todo el inglés técnico que usaba. ¿Me quedaría fuera de la conversación?
Al final, me atreví a hacerle una pregunta. «¿Cuánto tiempo toma construir algo así?», pregunté, tratando de conectar un poco con la experiencia. Para mi sorpresa, la guía sonrió y empezó a contar la historia de los tiempos de construcción y los retos que encontraron. Así, sin querer, me vi inmerso en una conversación más amplia con otros turistas sobre nuestras impresiones del lugar.
Después de salir de la mezquita, decidí que quería degustar algo de la comida local. Caminé hacia un mercado cercano que se llama Souk Qaryat Al Beri. Al llegar, el aroma de las especias me envolvió. Era un laberinto de ventas, desde frutos secos hasta dulces típicos. Mientras paseaba, me encontré con un hombre mayor que vendía dátiles. Me ofreció una degustación, y al probar uno, se me hizo la boca agua. El dulzor era delicioso, y resultó que se me olvidó preguntar el precio. Después de consumir varios, me sentí un poco incómodo. ¿Y si no podía pagar lo que había comido?
Finalmente, el hombre me miró con una sonrisa y me dijo: «Dos dirhams por uno». Agradecido, compré una bolsa. Salí del mercado con un par de dátiles en la mano y una ligera mezcla de alivio y ansiedad por haber evitado la incomodidad.
Un poco más tarde, decidí visitarle al Louvre Abu Dhabi. El contraste de su arquitectura moderna con el fondo del Mar Árabe era impresionante. Caminando por sus galerías, me encontré casi solo, lo que me permitió disfrutar de las exposiciones con tranquilidad. Me perdí en una sala que tenía obras de artistas famosos y, en un momento, me sentí tan absorvido que perdí la noción del tiempo.
Con el sol empezando a ponerse, decidí que era momento de regresar. Volver a Ad Dammam significaba que el día se había próximo a su fin, pero al menos había tenido una experiencia que rompía con la monotonía. Cada paso que había dado en Abu Dhabi había estado lleno de decisiones pequeñas, pero significativas. Sabía que este breve escape sería un recuerdo muy de mi día.
Imprescindible en Abu Dhabi, United Arab Emirates
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